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Dieta para el SIBO: guía práctica de nutrición digestiva

En Clínica Carmar nos encontramos con cada vez más pacientes que presentan síntomas digestivos como hinchazón, gases o alteraciones del tránsito intestinal. Un diagnóstico que cada vez cobra más relevancia es el del SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth, es decir, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado).
Una alimentación adecuada y adaptada —seguida bajo supervisión profesional— es una de las claves para su manejo. En este artículo analizaremos qué es el SIBO, cuál es su relación con la nutrición, y cómo diseñar una estrategia dietética que complemente el tratamiento médico.

¿Qué es el SIBO?

El SIBO se define como una proliferación excesiva de bacterias en el intestino delgado, es decir, en un tramo donde normalmente la carga bacteriana es mucho menor.
Esta situación genera una fermentación excesiva de los alimentos, producción de gases, distensión abdominal, flatulencia, y puede alterar la absorción de nutrientes.

En concreto, se han identificado síntomas típicos como:

Gases o meteorismo. Alteraciones del tránsito intestinal: diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos. 

Sensación de digestión lenta o pesada.

Desde el punto de vista nutricional, este “desequilibrio” del microbioma intestinal requiere un enfoque especializado en la alimentación.

Importancia de la nutrición en el SIBO

La alimentación no es el único factor en el tratamiento del SIBO, pero sí uno de los pilares esenciales junto con el diagnóstico médico, el tratamiento farmacológico (si procede) y los cambios en el estilo de vida.
Una dieta personalizada permite:

  • Disminuir la “fuente de alimento” de las bacterias excesivas, por ejemplo limitando ciertos carbohidratos fermentables -> Mejora los síntomas digestivos (menos gases, menos distensión).
  • Apoyar la motilidad intestinal, facilitando que el intestino delgado “li
  • Contribuir a la recuperación de un microbioma más equilibrado, algo clave para el bienestar digestivo a medio/largo plazo.

En definitiva, una intervención nutricional adecuada ofrece una mejora real en la calidad de vida de los pacientes con SIBO.

Estrategia dietética: qué comer y qué evitar

A continuación, se exponen los principales principios de una dieta para SIBO, que debe siempre adaptarse individualmente por un profesional (en nuestra clínica lo coordina el equipo de nutrición)

Principios generales

1.

Reducción de hidratos de carbono fermentables (FODMAPs). Los FODMAPs (Fermentable Oligo-, Di-, Mono-sacáridos And Polyols) alimentan la fermentación bacteriana en el intestino delgado, lo que puede agravar los síntomas.

2.

Evitar alimentos altamente fermentables que aumentan gases y distensión.

3.

Promover alimentos de digestión más sencilla, que no favorezcan la proliferación bacteriana excesiva.

4.

Fraccionar las comidas para mejorar el vaciamiento intestinal y evitar sobrecargas.

5.

Hidratación adecuada, actividad física moderada y gestión del estrés, ya que todos influyen en la motilidad intestinal y la flora.

6.

Personalización: cada paciente puede tener tolerancias diferentes, y un plan dietético debe ajustarse según diagnóstico, pruebas, intolerancias adicionales y estado general.

Alimentos recomendados

  • Carnes magras, pescados, huevos.
  • Verduras y hortalizas con bajo contenido en FODMAPs (por ejemplo zanahoria, calabacín, pimiento).
  • Frutas con moderación y bajo FODMAP (ej: plátano poco maduro, fresas, arándanos).
  • Cereales sin gluten o de bajo contenido fermentable (ej: arroz, avena, quinoa).
  • Grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, aceite de coco en caso de tolerancia.
  • Bebidas sin cafeína o en poca cantidad, evitar bebidas gaseosas o muy fermentables.

Alimentos a evitar o reducir

  • Legumbres, coles, cebolla, ajo en exceso, frutos secos de alto contenido fermentable, frutas muy maduras o en conserva.
  • Lácteos con lactosa (si hay intolerancia).
  • Alimentos ultraprocesados, azúcares refinados, bollería.
  • Alcohol, bebidas con gas, exceso de cafeína.
  • En general, alimentos que fomentan la fermentación intestinal.

Fase de implementación

Generalmente se procede por fases (aunque cada caso debe valorarse):

    1. Fase de restricción: durante algunas semanas se reducen los FODMAPs para “calmar” los síntomas.
    2. Fase de re-introducción: gradualmente se incorporan algunos alimentos previamente restringidos, identificando tolerancias individuales.
    3. Fase de mantenimiento: dieta personalizada adaptada al paciente, con variedad de alimentos aceptados y ajustes según evolución.

Estrategia dietética: qué comer y qué evitar

En la Clínica Carmar combinamos nutrición especializada con otros servicios de salud y bienestar (fisioterapia, podología, análisis clínicos, psicología, etc.), lo que permite una visión integral del paciente. Nuestro equipo de nutricionistas trabaja estrechamente con otras especialidades como enfermería y análisis clínicos, psicología etc (cuando el cuadro lo requiere)

Ventajas:

  • Valoración personalizada del SIBO, incluyendo historial digestivo, pruebas médicas, intolerancias y hábitos de vida.
  • Plan de alimentación adaptado, acompañado de seguimiento continuo.
  • Coordinación multidisciplinar: si el SIBO coexiste con estrés, alteraciones de tránsito intestinal, etc., actuamos desde varios frentes y especialidades.
  • Educación al paciente: no solo damos un menú, sino que le enseñamos a interpretar etiquetas, a adaptar comidas fuera de casa y a mejorar su estilo de vida para prevenir recaídas.

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